La comida biológica es un término que define la comida destinada al consumo que ha sido producida sin productos químicos y procesada sin aditivos. Los fertilizantes sintéticos, plaguicidas y antibióticos no pueden ser utilizados para conseguir estos alimentos. Pesticidas, herbicidas, hormonas y otras sustancias también están prohibidas para la producción de este tipo de comida.
Para que un producto pueda llevar el sello “bio”, que certifica su caracter de comida biológica, debe ceñirse a unas normas que están supervisadas por el Consejo Regulador de la Agricultura Biológica. El sistema ha de ser tolerante con el medio ambiente y tener como finalidad evitar la contaminación. Los agricultores no pueden usar pesticidas, mientras que los ganaderos no pueden usar medicina sin fundamento científico. Si un animal ha pasado dos tratamientos antibióticos se le retira la condición de “biológico”.
Los consumidores son cada vez más exigentes respecto a sus compras y tienen cada vez más interés en llevar una vida saludable, es por ello que agricultura y ramadería ecológica ha evolucionado y cada vez hay más tendencia a que una parte del menú que ponemos encima de la mesa sea comida biológica. Muchas cooperativas trabajan en esta rama, promoviendo el cuidado del medio ambiente y el autoempleo. Estos productores ecológicos se caracterizan por maximizar el aprovechamiento de recursos naturales, como abonos orgánicos y la rotación de cultivos. Al no utilizar agroquímicos, se evita la contaminación de los suelos.
Por eso, ahora muchas marcas están obligadas a especificar en los envases de sus productos una explicación más exacta sobre ese presunto origen.
Existe una amplia gama de alimentos biológicos sobre los que se asienta la dieta ecológica: frutas, hortalizas, legumbres, elaborados (aceites, cereales, pastas, refrescos, etc.), lácteos y carnes. También existen numerosas corrientes dentro de este tipo de dieta, como el naturismo, el crudivorismo, la macrobiótica, etc. La cocina ecológica integral es quizá la que reúne los principios más relevantes de todas y la más practicada, basada en el consumo de cereales integrales, legumbres y sus derivados (son fundamentales los procedentes de la soja: tofo, miso y salsa de soja) y las verduras terrestres y marítimas (algas). Estos principios los complementan con brotes germinados, jugos de frutas y verduras, semillas, aceites de primera presión en frío y el consumo de fermentos como el chucrut de fermentación natural. También son partidarios del consumo de carne, lácteos y pollo de origen orgánico y especialmente de pescados de mar, puesto que aportan ácidos grasos esenciales omega 3 y 6.
